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La
prudencia del educador
Para
tener una visión moral del educador es requisito el abocarnos a la
tarea de precisar algunas normas básicas de nuestro actuar, que nos
permitirán el mejorar nuestra conducta como educadores ejemplares.
Creo que los siguientes nos darán la clave de tal postura: Responsabilidad,
espíritu de servicio y solidaridad, fidelidad familiar, autoridad
y trabajo.
En primer lugar, la responsabilidad, al tener todos obligaciones;
es posible que a veces no las cumplamos correctamente, pero ,al menos,
tenemos conciencia del compromiso que ellas envuelven y su incumplimiento
genera una profunda inquietud: la noción de estar faltando a nuestro
deber.
Hay que recordar, aunque parezca obvio, que nuestra función es pública
y como tal, somos responsables al igual que los gobernantes, del desarrollo
de un país. Es tan así que la realización de nuestro destino personal
esta ligado a la buena marcha de lo público y lo privado.
Vivir en una sociedad libre y civilizada significa contar con muchas
ventajas que disfrutamos a diario: orden, paz y tranquilidad, que
requieren la necesaria retribución de nuestra parte. Desde el respeto
y cuidado de lo que no es nuestro hasta la entrega puntual y correcta
de las evaluaciones de nuestros alumnos, son sólo muestras de piedad
justa.
El educador cristiano por esencia es solidario, y ésta virtud no consiste
en tener opiniones idénticas, ni menos prescindir del espíritu crítico
de nuestra misión de intelectuales; la solidaridad es más fuerte que
las discrepancias porque está basada en el amor verídico, que nos
muestra que las divergencias no afectan al vínculo que nos une.
Ocurre lo mismo que una familia: entre hermanos pueden existir criterios
opuestos que den lugar a apasionados debates, pero si se tiene una
formación moral sólida, el sentimiento de afecto que los liga es más
profundo que las ideas que los separan. Hay que ser tolerantes con
las personas pero no con los principios, como Dios, la Patria y el
Hogar; no puede entenderse que en un mal comprendido pluralismo se
valide el error; es una regla básica de Lógica y de convivencia sana
basada en el Bien Común.
La Familia es el núcleo básico de la sociedad, es la primera escuela
de convivencia ordenada, y es el molde en el cual se funde la fisonomía
moral de cada persona; las nociones básicas de deberes y derechos
se inculcan y desarrollan desde la más tierna infancia, nuestros centros
del saber son reflejo del hogar.
Hay una vinculación muy profunda en las relaciones familiares, que
lamentablemente no se reflejan en las relaciones de profesor y alumno,
que análogamente son las de papá e hijo. Además hay una dimensión
de trascendencia mutua, pues somos hijos de la tradición: La Educación
abarca también a los que nos precedieron y a nuestras generaciones
futuras.
Debe
existir una solidaridad con este principio ético que permite la continuidad
histórica y la sobrevivencia en el tiempo; debe partir del conocimiento
y valoración de nuestro pasado, para no diluirnos en una mal entendida
globalización .Nuestros antepasados crearon con esfuerzo y heroísmo
lo que somos y es nuestro deber engrandecerlo; no somos los dueños
sino los custodios de ese patrimonio cultural.
La Libertad sólo se logra en un marco de orden; es casi paradójico
que todavía se crea que termina donde comienza la del otro; con esta
visión caemos en lo contrario de la misma libertad personal. Si yo
abuso violando la dignidad del otro, o permitiendo la ineficiencia
educativa, estoy destruyendo la libertad de toda la comunidad: Sed
perfectos como vuestro Padre es perfecto.
La Ley y la autoridad legítima es la norma establecida para fijar
los límites necesarios de los derechos de cada uno, en el ejercicio
de ésta trascendental función los docentes tenemos una misión clara,
definida y específica: ser los mejores en lo nuestro. En nuestra esfera,
por reducida y modesta que parezca, se da esta alternativa de mando
y obediencia; pero como todo buen gobernante, no venimos a que nos
sirvan sino a servir, nuestra misión es la de ser creadores de un
orden que permita que todos y cada uno puedan tener la posibilidad
de alcanzar la máxima realización personal: La Educación es sacar
lo mejor de cada uno.
La dignificación de nuestra labor es quizás la clave de estas líneas,
un criterio en el cual entendamos que el legítimo progreso sólo se
alcanza con el mérito y el esfuerzo personal; los culpables de nuestra
situación actual no son las estructuras sociales, sino nosotros mismos.
El Trabajo es el medio por excelencia del progreso humano, recordemos
que a través de él el hombre se convierte en persona, ya que logra
apropiarse de lo que es de él. La propiedad es una proyección de la
libertad personal, la persona cuida más lo que es de él que lo que
es de todos, inclusive las instituciones educativas aprovechan el
esfuerzo espontáneo de sus miembros para alcanzar algún bien material
que les hace falta.
Este derecho natural de propiedad requiere del necesario rol social,
pues todo derecho involucra un deber; tenemos un mayor número de derechos
en la medida en que cumplimos nuestros deberes; éste criterio recto
y justo contribuye poderosamente a evitar tensiones sociales, y hace
posible el desarrollo equilibrado de la común-unidad.

Juan Pablo Barros Santander
Magíster en Política |
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