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Lo
primero, la honra
Cuando las hebras de un tejido parecen soltarse de su trama fundamental,
es importante no caer en la desesperación tirando de cualquiera de
ellas para ver si resiste. Cuidado: Si no se escoge la hebra adecuada
y no se la trata con delicadeza, las hilachas se multiplicarán y toda
la tela se perderá. Y si occidente cristiano parece hoy una vieja
tela desgarrada, quien quiera remendarla, seguro de la calidad intrínseca
del paño, tendrá que cuidar muy mucho el modo de hacer costuras y
remiendos.
En este sentido, ¿será la vida, será la propiedad, será la libertad,
será la igualdad, será la paz o... será la honra la hebra fundamental,
la característica más radical de lo cristiano occidental?
La pregunta parece haber estado presente desde hace ya siglos en la
propia conciencia de occidente. Quien quizás mejor ha aclarado el
punto es Calderón de la Barca, cuando en El Alcalde de Zalamea ponía
en palabras de Pedro Crespo esta rotunda sentencia: "Al Rey,
la hacienda y la vida se le han de dar, pero el honor es patrimonio
del alma y el alma sólo es de Dios."
Y, por cierto, a partir de la sentencia misma de Calderón se entiende
entonces que la creación es la primera honra que Dios le hace al ser
humano, precisamente porque lo crea a su imagen y semejanza. Cuando
algunos pueblos cultos, pero todavía algo panteístas o muy politeístas
o medio ocultistas, recibieron el Cristianismo, precisamente entonces,
comenzó a configurarse Occidente, porque se tomó clara conciencia
de esta primera condición de la honra: haber sido creado. Y así, sólo
con la convicción de la creación divina, se adquirió auténtica conciencia
de la dignidad humana”.
Ese conjunto de enseñanzas necesarias para la vida buena de los vivos,
se constituirá en la segunda honra que Dios le hará al mundo después
de su creación. La diferencia es que no comunicará esta segunda dimensión
por medio de profetas o escrituras, sino a través de su propio Hijo.
"Tanto amó Dios al mundo que le dio a su unigénito Hijo para
que todo el que crea en El no perezca sino que tenga la vida eterna.
Esta segunda manifestación de la honra que Dios le hace al hombre
consiste en una Encarnación, en una inserción específica, concreta,
temporal y espacial, de lo divino en lo humano. Y Cristo, centro de
la Historia, no quiere que la suya sea una presencia que honre sólo
a sus contemporáneos en el tiempo y en el espacio, sino que busca
extender este nuevo honor hecho por Dios al ser humano a todos los
miembros de la especie y en todo tiempo y lugar. Así, gracias a la
Encarnación y a su difusión sobre los soportes judíos, griegos y romanos,
Occidente -el Mediterráneo, primero- será el punto inicial, escogido
para la mayor dignificación de lo humano todo, en toda época, en todo
continente... pero desde ese preciso punto focal: Por eso podemos
hablar de occidente cristiano.
Instrumentos para difundir este sentido de la honra había muchos y
desde Occidente se los irá usando en cascada, visiblemente. El derecho,
las artes, el lenguaje, la política, las letras, la ciudad, las relaciones
sociales, el intercambio comercial... Todos esos elementos se recibirán
germinalmente desde los mundos previos o contemporáneos, Israel, Grecia,
Roma, Germania, pero será el Cristianismo el que dignificará sus contenidos,
purificándolos, desechando lo indigno.
La situación actual es muy distinta: hace siglos se viene buscando
una nueva condición humana, tan precaria en sus fundamentos al renegar
de Dios, que se ha llegado a la situación que en macabro catálogo
podemos resumir así: La vida guillotinada, gaseada, destrozada en
el Gulag, abortada, manipulada; la propiedad codiciada y concentrada;
la belleza desfigurada y pervertida; la libertad, desgajada y errante;
el placer sofisticado y absolutizado; la igualdad, trozada y recalculada;
el derecho, totalmente positivado; la ciudad, masificada y criminalizada;
el lenguaje, tan codificado como destrozado; la política, hipertrofiada
e hipertecnificada; la fe, ridiculizada y escarnecida; y en todo eso,
el ser humano, deshonrado, dañado en su dignidad.
Es imperativo reinstalar la honra como tema central de occidente,
para que vuelva a ser profundamente cristiano: He ahí el desafío radical
para la inteligencia, el corazón y la acción de los sobrevivientes
a la hecatombe actual. ¿Que no tenemos fuerzas para hacerlo?
¿que no sabemos ya ni el a,b,c sobre la dignidad humana? Gabriela,
en simples palabras, nos alienta a la tarea, aunque nos sintamos muy
pequeños al lado de los poderosos que hoy dominan la escena. "Más
puede enseñar un analfabeto que un ser sin honradez, sin equidad"
nos dice la poetisa. Parece que para Occidente, hoy, es tiempo de
humildad, tiempo de aprender a leer.

GONZALO ROJAS SÁNCHEZ
Director |
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