Editorial

Número 104/año 11
2006
 
 
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Lo primero, la honra

Cuando las hebras de un tejido parecen soltarse de su trama fundamental, es importante no caer en la desesperación tirando de cualquiera de ellas para ver si resiste. Cuidado: Si no se escoge la hebra adecuada y no se la trata con delicadeza, las hilachas se multiplicarán y toda la tela se perderá. Y si occidente cristiano parece hoy una vieja tela desgarrada, quien quiera remendarla, seguro de la calidad intrínseca del paño, tendrá que cuidar muy mucho el modo de hacer costuras y remiendos.

En este sentido, ¿será la vida, será la propiedad, será la libertad, será la igualdad, será la paz o... será la honra la hebra fundamental, la característica más radical de lo cristiano occidental?

La pregunta parece haber estado presente desde hace ya siglos en la propia conciencia de occidente. Quien quizás mejor ha aclarado el punto es Calderón de la Barca, cuando en El Alcalde de Zalamea ponía en palabras de Pedro Crespo esta rotunda sentencia: "Al Rey, la hacienda y la vida se le han de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios."

Y, por cierto, a partir de la sentencia misma de Calderón se entiende entonces que la creación es la primera honra que Dios le hace al ser humano, precisamente porque lo crea a su imagen y semejanza. Cuando algunos pueblos cultos, pero todavía algo panteístas o muy politeístas o medio ocultistas, recibieron el Cristianismo, precisamente entonces, comenzó a configurarse Occidente, porque se tomó clara conciencia de esta primera condición de la honra: haber sido creado. Y así, sólo con la convicción de la creación divina, se adquirió auténtica conciencia de la dignidad humana”.

Ese conjunto de enseñanzas necesarias para la vida buena de los vivos, se constituirá en la segunda honra que Dios le hará al mundo después de su creación. La diferencia es que no comunicará esta segunda dimensión por medio de profetas o escrituras, sino a través de su propio Hijo. "Tanto amó Dios al mundo que le dio a su unigénito Hijo para que todo el que crea en El no perezca sino que tenga la vida eterna.

Esta segunda manifestación de la honra que Dios le hace al hombre consiste en una Encarnación, en una inserción específica, concreta, temporal y espacial, de lo divino en lo humano. Y Cristo, centro de la Historia, no quiere que la suya sea una presencia que honre sólo a sus contemporáneos en el tiempo y en el espacio, sino que busca extender este nuevo honor hecho por Dios al ser humano a todos los miembros de la especie y en todo tiempo y lugar. Así, gracias a la Encarnación y a su difusión sobre los soportes judíos, griegos y romanos, Occidente  -el Mediterráneo, primero-  será el punto inicial, escogido para la mayor dignificación de lo humano todo, en toda época, en todo continente... pero desde ese preciso punto focal: Por eso podemos hablar de occidente cristiano.

Instrumentos para difundir este sentido de la honra había muchos y desde Occidente se los irá usando en cascada, visiblemente. El derecho, las artes, el lenguaje, la política, las letras, la ciudad, las relaciones sociales, el intercambio comercial... Todos esos elementos se recibirán germinalmente desde los mundos previos o contemporáneos, Israel, Grecia, Roma, Germania, pero será el Cristianismo el que dignificará sus contenidos, purificándolos, desechando lo indigno.

La situación actual es muy distinta: hace siglos se viene buscando una nueva condición humana, tan precaria en sus fundamentos al renegar de Dios, que se ha llegado a la situación que en macabro catálogo podemos resumir así: La vida guillotinada, gaseada, destrozada en el Gulag, abortada, manipulada; la propiedad codiciada y concentrada; la belleza desfigurada y pervertida; la libertad, desgajada y errante; el placer sofisticado y absolutizado; la igualdad, trozada y recalculada; el derecho, totalmente positivado; la ciudad, masificada y criminalizada; el lenguaje, tan codificado como destrozado; la política, hipertrofiada e hipertecnificada; la fe, ridiculizada y escarnecida; y en todo eso, el ser humano, deshonrado, dañado en su dignidad.

Es imperativo reinstalar la honra como tema central de occidente, para que vuelva a ser profundamente cristiano: He ahí el desafío radical para la inteligencia, el corazón y la acción de los sobrevivientes a la hecatombe actual.

¿Que no tenemos fuerzas para hacerlo? ¿que no sabemos ya ni el a,b,c sobre la dignidad humana?  Gabriela, en simples palabras, nos alienta a la tarea, aunque nos sintamos muy pequeños al lado de los poderosos que hoy dominan la escena. "Más puede enseñar un analfabeto que un ser sin honradez, sin equidad" nos dice la poetisa. Parece que para Occidente, hoy, es tiempo de humildad, tiempo de aprender a leer.



GONZALO ROJAS SÁNCHEZ
Director
 
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