Política

Número 104/año 11
2006
 
 
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Democracia, laicismo, religión

El célebre escritor peruano Mario Vargas Llosa escribe muy bien pero piensa muy mal. Es sorprendente su visión de la democracia y la relación que el catolicismo tiene con ella. El "laicismo" no es un tema que se trate mucho entre los salvadoreños, precisamente porque gozamos hasta ahora de una buena "laicidad". Pero los errores u olvidos de Vargas Llosa sobre la democracia pueden ser una buena ocasión para aclarar ideas sobre asunto tan importante.

Al comentar en su reciente artículo "Bostezos chilenos" como Chile ya no es un país tercermundista, su creciente desarrollo y sus pacíficas elecciones, Vargas Llosa se larga con el siguiente párrafo: "Pero no sólo la promoción de la mujer en la sociedad chilena recibirá, con la nueva presidenta de Chile, un apoyo importante. También, el laicismo, ese indispensable requisito del progreso democrático. La Iglesia Católica ha tenido en Chile una influencia mucho mayor que en todo el resto de América Latina." El laicismo no sólo no es indispensable sino que es el falseamiento y la corrosión de una verdadera democracia. Como muy veía Robert Schuman, "el padre de Europa", la democracia actual es de origen cristiano.

Se admite hoy por todos los verdaderos demócratas que un estado democrático, no debe ser confesional. Debe mantenerse neutral y respetuoso de todas las religiones de sus súbditos. Eso es laicidad. Y tiene un origen no sólo cristiano en general, sino precisamente evangélico, cuando Jesucristo, ante la trampa que los fariseos le presentaban mostrándole una moneda romana, dijo: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". Esto es lo que otras religiones no han entendido, que la confusión o mezcla de las dos autoridades, la civil y la religiosa, es siempre funesta. Pero también es funesto cuando un Estado, un gobierno, bajo el disfraz de neutralidad en lo religioso, pretende imponer un obstáculo al desarrollo de las actividades publicas de la religión, llegando en ocasiones incluso a la persecución y los asesinatos. Eso es laicismo y sus males, incluyendo crímenes, recorren toda la historia de la democracia. De sus crímenes, basten los ejemplos del Terror, la guillotina y el genocidio de la Revolución Francesa; los robos, persecución y asesinatos de católicos de la Revolución Mexicana y los de la República española que culminó en su guerra civil. Ejemplos de la obstrucción solapada del influjo cristiano en la sociedad, abundan hasta el día de hoy. Así ocurre con el laicismo que se apodera de la república francesa a lo largo del siglo XIX y en el comienzo del siglo XX. Durante ese periodo, ser católico bastaba para que se le negaran a insignes científicos la entrada a la Academia o a las cátedras universitarias. Salvará a la democracia francesa de los desmanes y decadencia de la laicista Tercera República, precisamente un católico: el general Charles De Gaulle, con el cual Francia recupera algo de su pasada grandeza. Todavía a la mitad del siglo XX, Jerôme Lejeune, insigne genetista francés, descubridor del origen cromosómico de la enfermedad de Down, buen católico, perderá el Premio Nobel de Medicina por la defensa de una verdad científica que molesta turbios intereses antinatalistas: que el ser humano lo es desde el momento en que la unión del óvulo y el espermatozoide conforman el cigoto. Así juega siempre la mentalidad laicista a nivel mundial, con mentiras  y con turbias maniobras para imponer globalmente una mentalidad atea y amoral y tratar de reducir el cristianismo al interior de  los templos y de las conciencias, sin ninguna o mínima influencia en la sociedad.

Un ejemplo revelador es el de la Unión Europea. Son tres buenos católicos, el francés Robert Schuman, el alemán Konrad Adenauer y el italiano Alcides de Gasperi los que llevarán a cabo algo que parecía imposible: la unificación en una Europa unida, comenzando precisamente a través del acuerdo entre los dos países, Francia y Alemania, que se habían enfrentado en tres cruelísimas guerras: la Franco-prusiana, la Guerra Europea y la Guerra Mundial. Ahora, cuando la UE es una realidad espléndida, de nuevo el espíritu laicista de Giscard y de otros compadres belgas y holandeses, han conseguido negar en la Constitución de EU, contra toda evidencia histórica, el origen y fundamento cristiano de la civilización europea, y ensalzar, en cambio, el espíritu laicista de la Ilustración.

Si Chile resulta que hoy ha salido del subdesarrollo económico y social y al mismo tiempo, según Vargas Llosa, la influencia de la Iglesia Católica ha sido mayor allí que en los otros países hispanoamericanos, no parece que el catolicismo chileno haya sido nefasto para la democracia, incluso a lo mejor ha sido uno de los factores por los que ha salido del subdesarrollo.

El francés Robert Schuman," el creador visionario de la actual Unión Europea, describió muy bien donde radica la esencia y buena salud de la democracia. En 1963, se publica el testamento político de Schuman: "Pour L'Europe" (Edit. Ángel, Genève, 1963). Trascribo literalmente algunas de sus ideas fundamentales.

"La democracia debe su existencia al cristianismo. Nació el día en que el hombre fue llamado a realizar en su vida temporal la dignidad de la persona humana, en su libertad individual, en el respeto de los derechos de cada cual y por la práctica del amor fraterno con respecto a todos. Nunca, antes de Cristo, estas ideas habían sido formuladas. La democracia está así unida al cristianismo doctrinalmente y cronológicamente. Tomó cuerpo con él por etapas, a través de largos titubeos, a veces al precio de errores y recaídas en la barbarie." (...) "El cristianismo ha enseñado la igualdad de naturaleza de todos los hombres, hijos de un mismo Dios, rescatados por el mismo Cristo, sin distinción de raza, de color, de clase y de profesión. Ha hecho que se reconozca la dignidad del trabajo y la obligación de todos de someterse a él. Ha reconocido la primacía de los valores interiores, los únicos que ennoblecen al hombre." (...) " Si encontramos rasgos profundos de la idea cristiana en la vida política contemporánea, el cristianismo no por ello está ni debe estar enfeudado en un régimen político, ni ser identificado con ninguna forma cualquiera de gobierno, aunque sea democrática. En este punto, igual que en otros, hay que distinguir el terreno del César y el de Dios. Estos dos poderes tienen cada uno responsabilidades propias. La Iglesia debe velar por el respeto de la ley natural y de las verdades reveladas. La tarea del hombre político responsable consiste en conciliar, en una síntesis a veces delicada pero necesaria, estos dos órdenes de consideración, el espiritual y el profano... No existe conflicto que no tenga solución entre los dos imperativos." (...) "La teocracia desconoce el principio de la separación de los dos ámbitos. Endosa a la idea religiosa responsabilidades que no son suyas. Bajo ese régimen, las divergencias de orden político corren el riesgo de degenerar en fanatismo religioso"(...) "Desde el primer momento, Cristo estuvo en el extremo opuesto del fanatismo; aceptó ser su víctima más augusta. Esto significa que la civilización cristiana no debía ser el producto de una revolución violenta e inmediata, sino una transformación progresiva, bajo la acción de los grandes principios de caridad, de sacrificio y de humildad, que están en la base de la sociedad nueva." (...) "La democracia no se improvisa; Europa ha tardado más de un milenio de cristianismo en darle forma (...)  "Concluyo, con Bergson, que  <la democracia es de esencia evangélica, porque tiene por motor el amor>. La democracia será cristiana o no será democracia. Una democracia anticristiana será una caricatura que naufragará en la tiranía o en la anarquía."

La UE fue hecha según esas ideas, lejos de los dos extremos nocivos del clericalismo y del laicismo, por ello fue creciendo pacíficamente, aceptando dentro de ella gente de muy diversas ideas y costumbres. Nadie pudo acusar a Schuman y a los otros gestores de esa nueva Europa, de excluyentes. En cambio ahora, la UE, en manos de laicistas antirreligiosos, tuvo su primer conflicto al redactar el Prologo de su Constitución, negando todo el origen cristiano de la civilización europea. Después vino la injusticia de obligar al candidato italiano, Rocco Butiglione, a renunciar a su candidatura para Comisario europeo de Justicia por declarar que condenaba la discriminación de los homosexuales pero que en su opinión, de acuerdo con la doctrina católica, la tendencia homosexual es un defecto y su práctica algo inmoral. Sobre esto, el filósofo alemán Robert Spaemann ha comentado que, según ese criterio excluyente, "un católico cuyas convicciones coincidan con la doctrina moral de la Iglesia católica, sólo por ese motivo, no esta cualificado para ocupar un puesto de dirección en la Comunidad europea. Hay que añadir que se trata de la doctrina moral de toda la tradición cristiana, e igualmente de la tradición filosófica de Europa, incluida la época de la Ilustración. Y hay que añadir que según los criterios aplicados en el caso de Buttiglione, los padres fundadores de la nueva Europa tras la segunda guerra mundial no podrían ocupar ningún puesto de dirección en esta Europa. Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Konrad Adenauer eran, los tres, católicos ortodoxos."



Luis Fernández Cuervo

Médico y Periodista
 
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