Sociedad

Número 104/año 11
2006
 
 
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RSE:  Una nueva herramienta de competitividad

Señala el Padre Hurtado: "En la constitución de cada clase social echamos de ver en primer lugar un elemento económico: sus medios de vida; un elemento social: el trabajo, actividades, funciones que cada determinado grupo realiza en la sociedad; un elemento cultural: la semejanza en la formación percibida en la escuela, en el ambiente de trabajo, en lecturas, en la organización a qué grupo pertenece; un elemento emotivo: las reacciones semejantes en cada grupo ante los mismos problemas, reacciones que son muy diferentes, a veces opuestas de grupo a grupo". Tomar conciencia de que todas estas variables pertenecen al contexto de una persona, es uno de los tantos aspectos que caracterizan a un ciudadano socialmente responsable, que propicia y promueve la inclusión ante todo. La indiferencia es sólo causal de más indiferencia y, en consecuencia habremos de vivir en una sociedad desconfiada, cerrada, poco dada a los cambios; en tanto que saber distinguir estas variables y sus componentes, posibilita el vínculo y la apertura, una disposición consiente que da cuenta de un estado permanente de afección mutua.

Si bajo este prisma se supone la exigencia de ser personas socialmente responsables ¿Por qué habría de pedírseles lo mismo a las empresas?

A través del trabajo se crean incentivos de desarrollo. La Responsabilidad Social Empresarial es, por tanto, un incentivo de reconocimiento, desde la empresa hacia la comunidad y desde la comunidad hacia la empresa; y como tal, por estar anclada en la emocionalidad del ser humano, tiene la virtud de ser un instrumento garante de más desarrollo. Ahora bien, lo propio de una empresa es desarrollar a la perfección el producto o servicio para el cual dice estar a disposición. Y no hay que desconocer, cuando el servicio o producto es "todo lo mejor que puede ser", estamos hablando de una empresa socialmente responsable, porque cumple con lo que promete y en ese contexto no está dañando la confianza que la sociedad y más específicamente sus clientes, han depositado en ella. Pero eso todavía es quedarnos con lo poco. La RSE apunta a ampliar el grado de empatía comunidad- empresa. Y si pensamos que en los tiempos actuales la principal lucha comercial es por la diferenciación, entonces la promoción de marca debiera apuntar necesariamente a la fidelización, a auspiciar espacios de cercanía e identificación con el público, más allá de cualquier cálculo.

Cabe destacar que es legítimo que las empresas busquen promocionarse a través de acciones de RSE, es legítimo que pretendan validar su inversión, exponiendo su nombre junto a la campaña. Esto eleva el rango de la acción emprendida, puesto que el compromiso está a la vista de todo el mundo. Así también es posible seguir el comportamiento de la empresa, frente a un tema de interés social. La RSE en tanto medio de promoción, abre un nuevo nicho de competitividad, que esta vez se basa en mostrar la mejor imagen hacia la comunidad. De este modo el beneficio hacia ésta debe ser algo medible que incluya la solución a cada uno de los cinco problemas del ser humano, cuales son: vivienda, salud, educación, seguridad y trabajo. Dentro de estos cuestionamientos adquieren sentido y se entrecruzan los elementos económico, social, cultural y emotivo, anteriormente referidos.

Pero ¿Cómo puede una empresa satisfacer esta demanda social creciente, sabiendo que, en estricto rigor, no es una demanda que le sea propia, por cuanto no representa el origen de su razón de ser? Pues bien, puede hacerlo a través de empresas externas especializadas, quienes tercericen estas labores y muestren sus resultados. Estas empresas exponen al inversionista el abanico de mercados donde puede invertir. Así, por ejemplo, un mercado de RSE no explotado aún pudieran ser los vendedores informales, aquellas personas que venden en la calle toda índole de productos, cuyas características se asemejan mucho a las de cualquier empresario formal. Ayudarlos, estableciendo una sociedad a través de estrategias de responsabilidad social, permitiría sacarlos de la ilegalidad.

Por último, otra virtud inherente a la RSE, como herramienta, es que promueve una actitud de alianzas, flexibilizando el diálogo entre empresa y comunidad. Entonces, el incentivo que nace como valor agregado de la acción es la gratitud y con ella el compromiso.



Pablo Korach Fabian
Empresario Maderero
 
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