RSE: Una nueva herramienta
de competitividad

Señala
el Padre Hurtado: "En la constitución de cada clase social
echamos de ver en primer lugar un elemento económico: sus medios
de vida; un elemento social: el trabajo, actividades, funciones
que cada determinado grupo realiza en la sociedad; un elemento cultural:
la semejanza en la formación percibida en la escuela, en el ambiente
de trabajo, en lecturas, en la organización a qué grupo pertenece;
un elemento emotivo: las reacciones semejantes en cada grupo ante
los mismos problemas, reacciones que son muy diferentes, a veces
opuestas de grupo a grupo". Tomar conciencia de que todas estas
variables pertenecen al contexto de una persona, es uno de los tantos
aspectos que caracterizan a un ciudadano socialmente responsable,
que propicia y promueve la inclusión ante todo. La indiferencia
es sólo causal de más indiferencia y, en consecuencia habremos de
vivir en una sociedad desconfiada, cerrada, poco dada a los cambios;
en tanto que saber distinguir estas variables y sus componentes,
posibilita el vínculo y la apertura, una disposición consiente que
da cuenta de un estado permanente de afección mutua.
Si bajo este prisma se supone la exigencia de ser personas socialmente
responsables ¿Por qué habría de pedírseles lo mismo a las empresas?

A
través del trabajo se crean incentivos de desarrollo. La Responsabilidad
Social Empresarial es, por tanto, un incentivo de reconocimiento,
desde la empresa hacia la comunidad y desde la comunidad hacia la
empresa; y como tal, por estar anclada en la emocionalidad del ser
humano, tiene la virtud de ser un instrumento garante de más desarrollo.
Ahora bien, lo propio de una empresa es desarrollar a la perfección
el producto o servicio para el cual dice estar a disposición. Y
no hay que desconocer, cuando el servicio o producto es "todo
lo mejor que puede ser", estamos hablando de una empresa socialmente
responsable, porque cumple con lo que promete y en ese contexto
no está dañando la confianza que la sociedad y más específicamente
sus clientes, han depositado en ella. Pero eso todavía es quedarnos
con lo poco. La RSE apunta a ampliar el grado de empatía comunidad-
empresa. Y si pensamos que en los tiempos actuales la principal
lucha comercial es por la diferenciación, entonces la promoción
de marca debiera apuntar necesariamente a la fidelización, a auspiciar
espacios de cercanía e identificación con el público, más allá de
cualquier cálculo.

Cabe
destacar que es legítimo que las empresas busquen promocionarse
a través de acciones de RSE, es legítimo que pretendan validar su
inversión, exponiendo su nombre junto a la campaña. Esto eleva el
rango de la acción emprendida, puesto que el compromiso está a la
vista de todo el mundo. Así también es posible seguir el comportamiento
de la empresa, frente a un tema de interés social. La RSE en tanto
medio de promoción, abre un nuevo nicho de competitividad, que esta
vez se basa en mostrar la mejor imagen hacia la comunidad. De este
modo el beneficio hacia ésta debe ser algo medible que incluya la
solución a cada uno de los cinco problemas del ser humano, cuales
son: vivienda, salud, educación, seguridad y trabajo. Dentro de
estos cuestionamientos adquieren sentido y se entrecruzan los elementos
económico, social, cultural y emotivo, anteriormente referidos.

Pero
¿Cómo puede una empresa satisfacer esta demanda social creciente,
sabiendo que, en estricto rigor, no es una demanda que le sea propia,
por cuanto no representa el origen de su razón de ser? Pues bien,
puede hacerlo a través de empresas externas especializadas, quienes
tercericen estas labores y muestren sus resultados. Estas empresas
exponen al inversionista el abanico de mercados donde puede invertir.
Así, por ejemplo, un mercado de RSE no explotado aún pudieran ser
los vendedores informales, aquellas personas que venden en la calle
toda índole de productos, cuyas características se asemejan mucho
a las de cualquier empresario formal. Ayudarlos, estableciendo una
sociedad a través de estrategias de responsabilidad social, permitiría
sacarlos de la ilegalidad.
Por último, otra virtud inherente a la RSE, como herramienta, es
que promueve una actitud de alianzas, flexibilizando el diálogo
entre empresa y comunidad. Entonces, el incentivo que nace como
valor agregado de la acción es la gratitud y con ella el compromiso.
Pablo Korach Fabian
Empresario Maderero