Cultura

Número 115/año 12
2007
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"El Comunismo es Soviets más Electricidad... " -La Precaria Vida de la Ciencia Bajo el Régimen Soviético

Este año se han recordado los noventa años de la Revolución Rusa de 1917. También se ha celebrado el 50º aniversario del Sputnik I, el primer satélite artificial lanzado por el hombre al espacio. Tales conmemoraciones han opacado el primer centenario del nacimiento de Constantin Tsiolkovsky (1856-1936), un genio visionario cuya lectura de la novela-ficción de Julio Verne De la Tierra a la Luna le hizo obsesionarse con los viajes espaciales. En 1903, Tsiolkovsky publicó sus cálculos sobre el movimiento de cohetes en su obra La Exploración del Espacio Mediante Artefactos de Reacción. Nacía así la astronáutica y, con ella, la conquista del espacio.

Tsiolkovsy pertenecía a una prestigiosa tradición de científicos rusos, en la que también figuraban el matemático Nikolai Lobachevsky (1792-1856), el químico Dimitri Mendeleyev (1834-1907), que en 1869 expuso su Tabla Periodica de los Elementos, el fisiólogo Ivan Pavlov (1849-1936), y el físico e ingeniero Stephen Timoshenko (1878-1972), célebre por sus textos de mecánica clásica y resistencia de materiales. Esta tradición hubo de enfrentarse con la férrea ideología del materialismo dialéctico y sus consecuencias filosóficas y políticas, porque apenas instalados en el poder los bolcheviques iniciaron una polémica ideológica sobre la naturaleza y objetivos de la investigación científica.

La intelligentzia soviética conocía el prestigio de la comunidad científica rusa, pero los comunistas también sabían que muchos de ellos no simpatizaban con la revolución; por otra parte, Lenin entendía que una de sus primeras tareas era encontrar soluciones rápidas a los urgentes problemas sociales y económicos creados por el remezón de 1917, muchos de los cuales no se resolverían sin la ayuda de científicos y tecnológos. El dictum de Lenin lo dice todo: La Revolución es Soviets más electricidad...

Sin embargo, en el caso soviético el argumento ideológico era decisivo. El dogma marxista-leninista no sólo debía explicar dialécticamente esta realidad sino imponerse a ella. En el caso de la ciencia, había al menos tres problemas teóricos que resolver. En primer lugar, puesto que la revolución necesitaba del "recurso" ciencia, ¿podría insistirse en que la ciencia, como toda actividad intelectual, era parte de la superestructura del desarrollo social? Algunos teóricos, como el economista S.M.Strumilin;, opinaron que, puesto que la ciencia cumple el papel de una fuerza productiva (tecnología), debía ser definida como un "recurso natural" y, por lo tanto, como un factor primario integrado a la infraestructura.

En segundo lugar, se adoptó una filosofía del conocimiento de carácter pragmático, aunque su terminología es dialéctica. Para los filósofos soviéticos, como para los jerarcas del Partido Comunista de la URSS (PCUS), el único conocimiento eran aquel que era útil para el logro de propósitos inmediatos.

En tercer lugar, la Revolución Industrial había demostrado que las innovaciones tecnológicas afectaban en alto grado las estructuras sociales, lo que a su vez generaba cambios políticos. Por ende, un buen manejo de la ciencia podría encauzar los cambios revolucionarios en la dirección requerida por el poder político y a la vez utilizar la investigación científica aplicada para los fines propios del Estado. Por estas razones, la ciencia soviética no sólo debía ser considerada como un factor más de producción, sino como un importante instrumento político al servicio de la dictadura del proletariado o, si se quiere, del partido único. El caso soviético introdujo, además, un nuevo factor en las relaciones entre el poder y el sistema científico: la planificación centralizada, para lo cual se crearon políticas y organismos estatales idóneos.

Más allá de las demandas del Estado sobre la comunidad científica para sumarla a la construcción del socialismo, aparecieron en el curso de la Revolución Rusa factores ideológicos y compromisos políticos que operaron en forma negativa sobre el sistema científico. El fundamento filosófico de la posición del poder político en cuanto a la ciencia fue la existencia de una "unidad entre la teoría y la práctica". La separación de ambos elementos reflejaba la distinción, "típicamente capitalista", entre intelectuales y trabajadores. La sociedad soviética resolvió esta contradicción proclamando "la primacía de la práctica". A fin de cuentas, tal concepto equivale a la primacía de las necesidades primarias: ninguna teoría científica puede tener significado, si no conduce a alguna consecuencia que contribuya al control del hombre sobre su entorno físico y social.

El PCUS requirió de sus científicos más y mejor ciencia aplicada, puesto que las exigencias de la reconstrucción económica y de la seguridad nacional así lo demandaban. Tal decisión debió ser acatada por muchos científicos. En 1922, V.R. Bursian, jefe del Departamento de Física Teórica del Instituto Físico-Técnico de Leningrado, afirmó públicamente que los esfuerzos de sus dirigidos se orientaban al "cumplimiento de tareas de orden práctico y tecnológico". En su autobiografía, el químico Vladimir Ipatieff proporciona valiosa información sobre este período: "La Academia (de Ciencias) decidió que, de allí en adelante, el primer deber de sus miembros sería su activa participación en la construcción socialista de la URSS..."
Entre 1917 y 1923, la política estatal de investigación y desarrollo (I+D) tuvo como objetivo integrar el esfuerzo científico y tecnológico a la producción de bienes y servicios y a la industria bélica. Era obvio que la ciencia debería estar al servicio de la producción, lo que significaba que sería el Partido Comunista y no la comunidad científica quien definiría los programas y temas de investigación. A partir de 1923, Narkompros (Comisariato de Educación y Ciencia) y Glavnauka, la agencia a cargo de la investigación científica se disputaron el control del sistema I+D. En ambas prevaleció el mismo criterio utilitario con respecto a la ciencia, porque además de la ideología y de la sumisión a un gobierno totalitario, estos organismos dependían para su financiamiento del Supremo Consejo Económico (Vesenkha), en cuyo interior se libró la polémica ideológica sobre el papel y el carácter de la ciencia socialista.

En su Primer Plan Quinquenal, Joseph Stalin proclamó un "cambio científico total" (smena), que vería el traspaso del poder desde los científicos y técnicos "burgueses" a los especialistas "rojos", y que estaría caracterizado por la búsqueda de una verdadera filosofía marxista de la ciencia. Ya no cabían contemplaciones con aquellos científicos hostiles o incluso neutrales al régimen comunista. El bioquímico A.N. Bakh, un miembro del Partido Comunista desde 1912, fue elegido presidente de la Asociación de Científicos y Técnicos para el Apoyo de la Construcción Socialista (VARNITSO), el grupo de activistas que dirigiría el ataque contra los científicos "burgueses". Pronto se iniciaron los primeros juicios contra los científicos acusados de "dañar económica y políticamente al Estado soviético, con el propósito de sabotear su poder y preparar una intervención antisoviética". Como expresó un joven matemático comunista: "Nunca la lucha de clases en la ciencia había sido tan violenta como ahora. Nunca antes nuestra ciencia, la ciencia que realmente sirve a la construcción socialista, había tenido una demanda tan grande. El que no está con nosotros, el que pretende ser neutral, está contra nosotros".

Algunos jerarcas del PCUS sugirieron algunas medidas de apaciguamiento y de cooperación con los "especialistas burgueses", pero esta posición moderada tuvo un abrupto fin en 1927, cuando el XV Congreso del PCUS ratificó en todas sus partes la absoluta prioridad de la investigación aplicada y tecnológica sobre la ciencia básica. Un síntoma evidente de este cambio fue la hegemonía de los radicales en Glavnauka. Estos grupos, defensores de una "cultura proletaria" (Proletkult), pertenecían al sector de los bolcheviques de izquierda o "vperedistas", que querían crear una organización dirigida por los trabajadores y que estimulara una actividad científica "colectiva". La ciencia "pura", la ciencia por la ciencia, debía ser suprimida. El fundamento ideológico de esta posición era la contradicción entre la "cultura proletaria" y la "cultura burguesa". Mientras, según la doctrina marxista, la primera tiene su origen en las relaciones entre el obrero y los medios de producción, la "cultura burguesa" se basa en la explotación del proletariado. En consecuencia, la "ciencia proletaria" debería organizarse de acuerdo a los ideales socialistas. Esta era la única vía para lograr que la ciencia sirviera al pueblo y se distinguiera de una "ciencia explotadora" y para que los científicos burgueses "comprendieran la forma más elevada de vida social, la forma colectiva".

La presencia agobiante de la ideología fue otra amenaza constante sobre la comunidad científica soviética. Bastaba que un grupo de hombres de ciencia descalificara ideológicamente a sus adversarios, para que a éstos les fueran retirados los subsidios y el favor oficial. El mejor ejemplo es la polémica que sacudió a la biología soviética hacia 1935, cuando un genetista ruso, N.I. Vavilov, fue acusado de realizar investigaciones inconsistentes con el materialismo soviético. En 1939, durante un Congreso de Genética, un investigador mediocre, T.D.Lysenko, discípulo del genetista Ivan Mitschurin, hizo ver que los puntos de vista de Vavilov no sólo eran contrarios a la doctrina marxista, sino que favorecían las ideas biólogicas imperantes en la Alemania fascista. Lo peor, según Lysenko, era que las investigaciones de Vavilov habían retardado los trabajos sobre hibridación de plantas y animales y, con ello, se había paralizado el desarrollo de la agricultura soviética. Su hipótesis coincidía con la doctrina marxista, que concedía prioridad al medio ambiente físico y social por sobre la herencia, por lo que fue declarada "doctrina oficial de la ciencia soviética". El filósofo Mitin, a cargo de la preservación de la ortodoxia materialista, expresó que Vavilov debía escuchar las demandas de la sociedad socialista: "Acercarse más a la vida, a cerrar la brecha entre la ciencia y la práctica". A causa de semejantes críticas, Vavilov hubo de declinar su elección para la presidencia del VII Congreso Internacional de Genética de Edimburgo. Luego se supo que había sido exiliado a Siberia, donde habría muerto hacia 1942.

Durante 1948 se completó el rechazo a la genética clásica. Los biólogos defensores de Mendel fueron obligados a una autocrítica humillante. El profesor A. Shebraka debió escribir una carta que se publicó en Pravda, en la que expresaba: "Mientras el PCUS reconoció las dos orientaciones de la genética soviética y valieron las diferencias de criterio sobre problemas teóricos como discusiones fructíferas, yo he defendido insistentemente mis puntos de vista (...) Pero ahora, después que me he convencido de que las tesis fundamentales de Mitschurin en la genética soviética han sido aprobadas por el Comité Central del Partido Comunista de la URSS, en cuanto miembro del partido, considero ya imposible aferrarse por más tiempo a esas opiniones, que el Comité Central de nuestro partido ha declarado erróneas".

En éste y otros casos -como los que se refieren a la introducción de la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad- surgieron conflictos entre la comunidad científica soviética y el PCUS. En el primero de estos casos, el determinismo marxista entraba en conflicto con el indeterminismo de la física cuántica. En cuanto a la teoría de la relatividad, la crítica soviética, mediante réplicas simplistas, se opuso a la interpretación occidental de las ideas relativistas; en particular, se rechazó la interpretación occidental de la conocida fórmula E=mc2, en la que los "idealistas físicos" afirmaban la posibilidad de transformar la masa en energía. Como para realizar esta transformación se tendría que aceptar la destrucción de la materia, la filosofía oficial soviética declaró inaceptable esta lectura.

En 1957, durante la Era Khruschev, se creó un Comité de Estado en Ciencia y Tecnología (Nauchno-Tekhnicheskii Komitet), que estableció un clima favorable a los hombres de ciencia. Además, gracias a los esfuerzos desplegados en el campo de la fisión nuclear por el Instituto de Física Lebedev, de Moscú, la Unión Soviética pudo contar, a partir de 1952, con la poderosa Bomba "H", que balanceó la anterior superioridad atómica de la OTAN y de los Estados Unidos, una tarea en la que colaboraron el premio Nobel de Física 1958 Igor Y. Tamm y el joven físico Andrei D. Sakharov. Por otra parte, los espectaculares logros espaciales soviéticos, concretados en el histórico lanzamiento del Sputnik el 4 de octubre de 1957, convencieron a los líderes del Kremlin sobre los beneficios propagandísticos que podrían arrojar los resultados de una alta productividad científica, como también eran innegables las conexiones entre la investigación científica y tecnológica y la seguridad exterior de la URSS.

A.N. Nesmeianov, el Presidente de la Academia de Ciencias, aprovechó la oportunidad para señalar que la ciencia soviética "ya no podía continuar basándose en los resultados de la investigación foránea (...) Lo que nosotros necesitamos ahora es, antes que nada, desarrollar la ciencia básica. Necesitamos tomar medidas decisivas y urgentes para agilizar y desarrollar la teoría científica". Tal declaración contrariaba las bases del materialismo dialéctico, que mantenía el dogma de "la unidad entre teoría y práctica".

Sin embargo, sus expresiones fueron consideradas demasiado heterodoxas por el PCUS, lo que le valió su exoneración. Por otra parte, el quehacer científico continuó siendo evaluado en función de sus contribuciones a la producción, lo que desvirtuaba los logros de la investigación básica. Sin embargo, esto no acalló las protestas de algunos hombres de ciencia, que acaudillados por Andrei D. Sakharov (1921-1986), el "padre" de la bomba "H", rechazaron el carácter ideológico del apoyo oficial a individuos como Lysenko. En 1958 Sakharov asumió públicamente su papel de crítico del Gobierno soviético, aunque comprendió que su actitud le podía costar el exilio o aún la muerte. Sin embargo, persistió en su lucha por la liberación del quehacer científico respecto de la interferencia del poder político y en contra de la dictación de una "doctrina estatal" sobre la investigación científica. Más aún, llegó a ser el líder de la lucha por la no proliferación de armas nucleares y por la defensa de los derechos humanos. Por ello recibió el Premio Nobel de la Paz en 1975.

El nuevo Secretario General del PCUS, Leonid I. Brezhnev nominó a Sergei I. Trapeznikov comocomocomo Director del Departamento de Ciencias del Comité Central del PCUS. En esta coyuntura, Andrei Sakharov exigió la salida inmediata de "neo stalinistas" a los organismos gubernamentales.: "Las ideas de (Trapeznikov) son básicamente stalinistas (y) ellas representan los intereses de la élite burocrática... Es imposible esperar que la posición del partido entre los hombres de ciencia y los intelectuales sea más sólida, si semejante persona continúa gozando de influencia.

Antes de ser deportado a Nizhny Novgorod, Andrei Sakharov hizo un dramático llamado a la libertad de expresión en su país: "La libertad de las ideas es esencial a la sociedad. Libertad para obtener y difundir información, libertad para discutir sin miedo y con la mente abierta, libertad no restringida por las presiones políticas y los prejuicios... " Sakharov, rehabilitado en 1985 por Michail Gorbachov, entonces Secretario General del PCUS, murió el 4 de diciembre de 1989. Treinta y cinco días antes los berlineses habían derribado el Muro de Berlín.

 


Augusto Salinas Araya
Profesor Universitario

 
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