Editorial

Número 115/año 12
2007
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Un regalo cada mes

Bien regalados: Asi se consideran todos los chilenos en la temporada postnavideña. Contentos por lo recibido y felices también por haber sabido regalar, especialmente a los niños.

Así, bien regalados, contentos, pero, al mismo tiempo, algo inquietos hemos comenzado el nuevo año. Inquietos porque allá, en la subcorteza del alma, una vocecita nos dice que lo que hicimos en Navidad debiéramos prolongarlo día a día, mes a mes, durante todo el 2008, durante toda la vida. Regalar, regalarse, darse, entregarse. Y la experiencia personal es que eso cuesta, que a veces, cuesta mucho.

¿Mala voluntad? Obvio que sí; no vamos a descubrir ahora que el egoísmo, la soberbia y la comodidad se enquistan y parasitan en el corazón humano. Pero, además, falta de imaginación. Sí, carencia de ideas prácticas sobre el modo de entregarse, sobre las formas concretas para darse. Porque está comprobado que a medida que pasan los días, las grises rutinas oscurecen y ocultan las luminosas y jugosas ocurrencias de entrega y servicio.

Por eso, vaya aquí la sugerencia de un regalo concreto para hacerle a los demás cada mes.

En enero se pueden regalar proyectos; idear iniciativas de servicio, de bien común, específicas, magnánimas, que involucren a personas bien dispuestas al servicio, personas que sólo necesitan ideas y conducción. Para febrero, bienvenido será el don de la cultura: en plenas vacaciones, ofrecer conversaciones de buen nivel, comentar libros de categoría, ver buen cine en familia y procurarse uno que otro recreo musical.

¿Y en marzo? Nada mejor que regalar metas exigentes, claras, con plazos definidos, para combatir la mediocridad al cuadrado que suele asomarse ese mes. Abril, la oportunidad de entregar un trabajo bien hecho durante los 30 días, fijándose en los detalles, terminando cada tarea. Y mayo, mes para regalar una que otra actitud heroica: visitar un pariente de aquéllos; pedir un perdón de ésos, aceptar un encargo nuevo y difícil...

Junio puede ser la ocasión de entregarse a través de la amistad sincera a alguien a quien se viene conociendo hace poco; y julio, cuando se asoma una nueva ventana de vacaciones, el don debiera centrarse en el cariño a la familia, a los hijos que quizás han visto poco a los trabajadores empedernidos que son sus padres. ¿Agosto? Establecido ya como el mes de la solidaridad, cabe meterse la mano al bolsillo y donar, y donar...

Septiembre exige regalar tradiciones e historia patria: que no se pierdan o desfiguren una y otra por la cómoda aceptación de una globalización neutralizante: música chilena en la casa, fiestas rurales o urbanas, pero bien provistas de ambiente nacional.

El trimestre final se abre con un octubre que pedirá generosidad para trabajar por las legítimas opciones municipales de cada uno: que nadie se queje después si no sacó tiempo para apoyar a los mejores candidatos; y en noviembre, el regalo de la corrección, porque es la última oportunidad de indicar enmiendas y renovar las exigencias de marzo, antes de que alguien a nuestro cargo se hunda o fracase.

De diciembre se encargan María y el Niño: bastará con que nos dejemos llevar por sus insinuaciones y volvamos a donarnos según su ejemplo.




GONZALO ROJAS SÁNCHEZ
Director

 
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