Sociedad

Número 115/año 12
2007
Cuentale a un amigo de revistarealidad.cl
Tu nombre:
Tu email:
El nombre de tu amigo:
Su e-mail:

 

Violencia escolar y formación

¿Qué cambios son urgentes en educación escolar? Veo en los informativos de televisión y en la prensa escrita una recurrente noticia que junto con ser preocupante, es una señal de alerta para quienes estamos involucrados en crear ambientes educativos eficaces y promotores de una vida buena. En efecto, diversos reportajes han mostrado cómo grupos de alumnos de establecimientos educacionales de diversas regiones de nuestro país violentan físicamente a compañeros y que estas agresiones suelen ejecutarlas -con matices- de forma habitual. Por si fuera poco, los agresores acostumbran grabar en videos tan denigrantes e incomprensibles acciones subiéndolos a Internet y anunciando también por medio de blogs los futuros actos en contra de los afectados.

En la investigación "Sentido y Sinsentido de la Violencia Escolar: Análisis Cualitativo del Discurso de Estudiantes Chilenos", de Mauricio García y Pablo Madriaza, publicada en la revista PSYKHE 2005, Vol. 14 (el artículo completo se puede leer desde Internet), los investigadores dan cuenta precisamente de cómo este fenómeno se está presentando en nuestro país e indaga sobre las razones que lo explican. ¿Por qué ser violento? ¿Qué sentido tiene para estos jóvenes sembrar una cultura de violencia? ¿Qué es lo que realmente persiguen con este desbordado comportamiento? Entre otras, la investigación señala que las explicaciones más frecuentes que indicaron los jóvenes agresores, están la de establecer una jerarquía ante sus pares; establecer un sistema de defensa; proteger territorio; resolver conflictos; por hacer daño; por entretención. Así de simple. No hay propósitos misteriosos sino que más bien se aspira representar un estatus ante los pares o simplemente se busca empatar el tiempo.

Si los jóvenes simplemente generan una serie de prácticas que junto con lesionar la dignidad de sus pares conculcan el bien común de las comunidades en que participan por motivaciones nihilistas como las descritas ¿acaso ello no se debe también a una ausencia efectiva de los adultos que los guían? Me parece claro que si los jóvenes estimulan los objetivos descubiertos por García y Madriaza ello es posible de materializar por la poca presencia de los conductores pedagógicos y sociales que les debieran impregnar con solidez un conjunto de virtudes sin las cuales no se crece en humanidad.

En mi impresión, las justificaciones que esgrimen los estudiantes a la hora de poner en práctica una cultura de la violencia nos permiten advertir una debilitada o distorsionada formación ética y también una disminuida vida espiritual en el ambiente social que nos toca vivir y en particular en los jóvenes protagonistas de las acciones y propósitos descritos. ¿Si esos jóvenes hubiesen tenido una formación moral eficaz y un ambiente éticamente sano se comportarían de la misma manera? Sonaré algo categórico, pero debo responder que es muy poco probable que un alumno que cuenta con profesores bien formados, que desarrollan una actividad docente-formativa sustentada en virtudes claras y precisas y que su labor la desarrollan en un ambiente que fomenta procedimientos orientadores de conductas nobles fortalecidas por el trabajo familiar, entonces ese tipo de comportamientos sería muy poco probable que ocurran. Es cierto que para que la violencia escolar sea inexistente o una excepción en un colegio se deben dar varios elementos: comunidades educativas que asumen profesionalmente una formación moral; un consciente trabajo familiar; y un ambiente social adecuado; pero todos son elementos posibles de gestionar. El punto es que estos ambientes educativos son escasos.

Ahora bien, el asunto central que advierto en este fenómeno de creciente intimidación escolar, es que me asiste la convicción de que la cultura de violencia escolar sólo se puede disminuir y reordenar a partir de una formación moral práctica junto a un incremento de la vida espiritual; dimensiones que deben ser adecuadamente gestionadas.

Por lo pronto, hoy existen numerosos establecimientos que de acuerdo a su proyecto educativo han definido como esencial a su labor pedagógica la formación de jóvenes comprometidos con un desarrollo armónico de la sociedad, procurando que éstos al egresar de sus establecimientos se distingan por poseer un carácter que les capacite eficazmente para la realización de una vida buena. Este propósito educativo que se sustenta en el reconocimiento de las dimensiones espiritual y trascendental de la persona humana, busca en la práctica que cada joven ejercite una apertura respecto de las demás personas y de la Persona Infinita, situando a partir de ahí, la actitud de servicio como rúbrica de su existencia. Esta experiencia permite imaginar cambios profundos del sistema educacional. Para incorporar antecedentes empíricos a esta perspectiva basta hacer mención a la lista que cada año realizan diversos medios sobre los mejores colegios (revista qué pasa; revista el sábado, etc.). En estas investigaciones de difusión masiva encontramos que los colegios mejor posicionados, esto es, los que obtienen mejores resultados académicos y de egreso son instituciones que desarrollan proyectos educativos con orientación religiosa. Bien podríamos preguntarnos ¿la formación religiosa es un adorno o es algo sustantivo en el aprendizaje netamente académico? A la luz de los antecedentes advertimos que la formación espiritual es medular en sí misma porque a la vez que cambia de raíz los fines antropológicos, abre un horizonte de virtudes éticas complementando eficazmente el desarrollo de las virtudes intelectuales. Pero en lo que respecta a lo medular de este artículo, la formación espiritual permite no confundir el orden de los valores. Reivindico en este sentido una serena reflexión de Thomas Merton: "Resulta bastante usual que, cuando un hombre alcanza un íntimo contacto espiritual con Dios, se sienta como íntegramente transformado desde adentro. Nuestro espíritu experimenta una conversión, una metanoia, que reorienta nuestro ser entero después de elevarlo a un nuevo nivel, e incluso hasta parece modificar nuestra mismísima naturaleza. Y entonces, la "realización personal" se vuelve la percepción de que somos bastante distintos de nuestro yo empírico normal.
Al mismo tiempo, nos volvemos vívidamente conscientes del hecho de que este nuevo modo de ser es auténticamente más "normal" que nuestra existencia corriente. Nos resulta más "natural" el hecho de estar "estar fuera de nosotros" y ser conducidos libre e íntegramente hacia el "Otro" -hacia Dios, en Él mismo o en otros hombres- que seguir centrados y aprisionados en nosotros. Descubrimos que somos más genuinamente humanos cuando somos elevados al nivel de lo divino...."

Siguiendo la idea de este benedictino, resulta un desafío fundamental para los educadores crear ambientes de formación espiritual que sea lo suficientemente proactivo para generar aprendizajes en que el respeto y aprecio a los demás sean un criterio "normal" de acción ubicado en los primeros lugares de la escala de valores, pues ello permite abrir la mirada hacia los demás con una mirada no sólo de justicia, sino que por sobretodo gobernada por el servicio.

¿Por qué no estimular en los colegios la formación religiosa eficaz? ¿Por qué no completar las mediciones estandarizadas del SIMCE y PSU con una medición que por ejemplo valore el aprendizaje en virtudes éticas? Me llama profundamente la atención que sobre los cambios en educación tanto en la propuesta del gobierno como en la de los centros de estudio o partidos de oposición no se trate con alturas de miras este aspecto.

En mi impresión, los cambios radicales que Chile requiere suponen por cierto avanzar en rigor y disciplina para perfeccionar competencias propiamente académicas, pero también necesitamos al mismo tiempo, fomentar proyectos educativos con propósitos de formación espiritual pues ello permitiría avanzar en el desarrollo de competencias éticas que posibiliten edificar una cultura comprometida con el servicio y la dignidad de las personas.

 


Germán Gómez Veas
Profesor

 

 
¿Que te pareció el articulo?
Nombre: E-Mail:

Comentario:
Nombre del Articulo