Sociedad

Número 115/año 12
2007
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Desafíos del avance de la ciencia y la tecnología

El día 23 de octubre se realizó el seminario anual organizado por Ideas Públicas y Libertad y Desarrollo. Invitados especiales fueron don Claudio Seebach, don Juan Emilio Cheyre y doña Cristina Bitar. Cada uno expuso sobre los temas que los ocupa; el primero sobre la actividad del individuo en el Estado, el segundo sobre geopolítica y la tercera sobre su proyecto Independientes en Red.

En su exposición, Cristina Bitar hizo notar ciertos temas que se nos vienen; el avance cada vez más rápido de la tecnología, particularmente de la biotecnología e Internet, la globalización no sólo de los mercados, sino de las culturas, religiones y lenguas.

Exponía las virtudes de una sociedad en que la democracia representativa pasaría a ser reemplazada por una más horizontal, masiva y participativa. Una sociedad en que podríamos fiscalizar las 24 horas del día, todos los días, a nuestros gobernantes, haciendo el accountability, o responsabilidad de los gobernantes, una realidad. Además, destaca la tesis de que los líderes del futuro serían unas cuantas mentes brillantes, las únicas capaces de comprender estos avances tecnológicos exponencialmente acelerados.

Además, expuso sobre el carácter bilingüe que tendrá Chile en la próxima generación. La gran mayoría de la población dominará el idioma inglés, producto de las comunicaciones mercantiles y culturales, en el mundo real y en el virtual, mediante la tecnología del Internet 2.0. Internet 2.0 consiste, básicamente, en esta comunicación horizontal y libre que desarrollan los individuos y su apertura a través de los múltiples blogs, en que se discute, se reflexiona, se conoce a gente y desarrollan vínculos muy fuertes.

Dentro de la biotecnología, destacó el hecho de que pronto llevaremos nuestro código genético en nuestras cédulas de identidad y podremos, de esta manera, controlar de mejor manera las enfermedades.

Para demostrar su punto del avance tecnológico, particularmente de Internet 2.0, el cual sirve de fundamento a su proyecto "Independientes en Red", Cristina Bitar presentó un video que había bajado de YouTube, quizás el blog más conocido del mundo. En él, mediante el uso de la aparición extremadamente rápida de diversas imágenes de distinta naturaleza; transbordadores espaciales, apariciones de presidentes, figuras de la televisión, referencias a buscadores cibernéticos, como Yahoo, etc, aparecían, mezcladas con esa vertiginosa serie de imágenes, con afirmaciones o sentencias de una duración inferior a un segundo cada una. En ellas, sentencias como "Programar", "Reprogramar", "Las computadoras nos están usando", "Nos usan", "Las computadoras", "deberemos replantearnos nuestras...", "deberemos replantearnos nuestras convicciones", "deberemos replantearnos nuestros valores", "deberemos replantearnos nuestras religiones", "nuestra historia", "nuestro gobierno".

De antemano le pido disculpas al lector por haberlo hecho pasar por la angustia de leer afirmaciones tan chocantes y la redacción grotesca en que fue expuesta. Sucede que esa (y peor, mucho peor, pues fue visual), fue la tortura a la que fuimos sometidos y, para mí al menos, representó un verdadero sufrimiento. La idea de que tengamos nuestro ADN o código genético disponible para cualquier persona, capaz de ser reestructurado a voluntad, la tesis de que tendremos que replantearnos nuestros valores, nuestra religión, me produjo un miedo bastante grande y me dejó la impresión de que Cristina Bitar sabe muy bien lo que hace, que sabe muy bien cómo hacer las cosas, pero desconoce lo más importante; el por qué de hacerlo, el destino al que vamos. Es cierto que si algo viene, no sacamos nada con vendarnos los ojos y aparentar que nada sucederá. Pero eso es distinto a recibir con alegría y sin una reflexión apropiada de esas cosas que se nos vienen, de dónde vienen, por qué vienen, y, por lo demás, cuánto es lo que se viene y cuánto aquello a lo que vamos. No es lo mismo que venga una avalancha a tirarnos de cabeza desde la punta de un volcán cuesta abajo.

En Tübingen, Alemania, hace ya varios años, en una entrevista televisiva, un filósofo, que centraba su estudio en el conocimiento científico y tecnológico se hacía estas preguntas y proponía la tesis de que la sociedad debía plantearse, más que la posibilidad de tal o cual nuevo descubrimiento o invención, su verdadera utilidad. Consultado sobre el peligro de caer en un totalitarismo político, en que el Gobierno pudiera determinar qué se investiga y qué no, ofrecía la posibilidad (nada fácil, por cierto, pero no imposible) de que se generara una cultura que tomara conciencia de este problema, justamente para evitar que fuera materia de decisión gubernamental. Claramente, se hacía las preguntas correctas; la determinación del destino es indispensable para juzgar el camino.

Teniendo esto en mente, me acerqué a la señora Bitar y le expresé mis preocupaciones acerca de la voluntad y capacidad que teníamos de ver esto y de no dejarnos controlar por un aceleramiento de las invenciones tecnológicas. Le recordé que hoy en día generalmente se dice que fue George Orwell, con "La granja de los animales" y "1984" quien predijo de mejor manera el futuro, aunque fuera más inmediato del futuro del mundo. Los totalitarismos fascistas y marxistas (muy parecidos entre sí) fueron una realidad durante la mayor parte del siglo XX. En cambio, suele decirse que Aldous Huxley habría llegado demasiado lejos en su descripción del mundo futuro realizada en "Un mundo feliz". En mi opinión, y así se lo comenté, lo que ella postula representa un acercamiento peligroso a la sociedad del lavado de cerebro y e "felicidad obligada" retratada en este libro. Los alfa, beta y gamma serían, bajo su predicción, una realidad, cada clase "feliz" con su status, luego de habérseles robado cualquier posibilidad de libertad.

Días después me enteré que ahora se habla del Internet 3.0, en que, luego del intercambio de información y las aproximaciones culturales en este mundo virtual, mediante un mecanismo basado parte en votación y en parte, en buena parte, por algunos "eruditos", se definiría la veracidad de la información intercambiada, resultando, por ejemplo, una historia oficial de los acontecimientos humanos.

¿Cuál es la voluntad y capacidad que tenemos para hacernos cargo de los cambios tecnológicos que se nos vienen, sin caer en estos resultados, bastante alarmantes? Lo dejo para una siguiente reflexión, después que haya podido "rumear" el asunto y crea poder arrojar algunas luces al respecto.


Marcelo Muñoz Perdiguero
Abogado y Profesor Universitario


 
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